SIBO (parte 1)
¡Hola a todas!
Después de presentaros a Nutriarte, ahora quiero hablaros sobre los procesos que acompaño a través de él.
Hoy, comenzamos por el SIBO.
HABLEMOS DE SIBO
Hablemos de SIBO
Desde hace un tiempo, el concepto SIBO ha empezado a ser bastante “popular”, de apenas conocerla nadie, esta alteración intestinal ha pasado a estar en boca de muchas personas, sobre todo, porque se ha empezado a hablar de ella en Redes Sociales.
Todo esto tiene su parte positiva: Al fin comenzamos a hablar de las disfunciones digestivas y del impacto de la microbiota en la salud.
Pero, en ocasiones, también tiene su parte negativa: el incremento de los autodiagnósticos y la generalización.
Ni todos los problemas digestivos que parecen SIBO lo son. Mi consejo es que, si te encuentras en esta situación, busques a profesionales de la salud íntegros e integrativos y elijas al que más resuene contigo.
Médicos, nutricionistas, PNIs… Una amalgama grande y variada de profesionales que conocen de verdad estas disfunciones y que atienden de manera personalizada cada SIBO.
¿Qué es el SIBO?
En el artículo de hoy os voy a contar, simplemente, unas nociones básicas sobre SIBO para poner en contexto a las personas que no han oído hablar sobre él.
El intestino delgado es la sección más larga del tubo digestivo, mide aproximadamente 6 metros. Es ahí donde terminamos de digerir los alimentos y donde absorbemos sus nutrientes.
A diferencia del intestino grueso (en el que se calcula que vive aproximadamente el 95% de nuestra microbiota), el intestino delgado normalmente tiene (relativamente) pocas bacterias.
¿Y por qué? Os podéis preguntar… Porque nuestro cuerpo, que es muy sabio, sabe que depositar mucha carga microbiana en un lugar de absorción no es muy seguro para nosotras, así que, cuenta con varios mecanismos para que esto siga así: Una válvula que separa las dos partes de nuestro intestino (y que en condiciones normales solo permite el paso de sustancias desde el delgado al grueso y no al revés) y dos mecanismos bactericidas: la bilis y el ácido gástrico. Ambos jugos, entre otras, tiene la función de disminuir la carga microbiana que nos llega con el bolo alimenticio.
Si estos mecanismos fallan (por estrés crónico, por un estrés agudo muy intenso, por malos hábitos, por ciertos problemas de salud…) generando alteraciones funcionales que no atendemos a tiempo (como disbiosis del colon, disbiosis de boca, diarreas, estreñimientos crónicos, gastritis, candidiasis de repetición, problemas biliares…) o si se mezclan con otros condicionantes vitales (como la toma excesiva de antibióticos o medicamentos… ), podemos acabar por desarrollar SIBO.
Así que, el SIBO, siempre es una consecuencia.
SIBO corresponde a las siglas en ingles de Sobrecrecimiento Bacteriano en el Intestino Delgado: Small Intestinal Bacterial Overgrowth. Es un aumento anormal de la población bacteriana en el intestino delgado, pero no solo de la que vive ahí habitualmente, si no, sobre todo, de los tipos de bacterias que NO se encuentran comúnmente en esa parte del tubo digestivo.
¿Qué síntomas genera?
Pérdida del apetito, dolor abdominal, náuseas, hinchazón, sensación incómoda de saciedad después de comer (aunque se coma muy poco), diarrea y/o estreñimiento, pérdida de peso involuntaria, malnutrición (por malabsorción de nutrientes) …
Y algunos síntomas extradigestivos como: Niebla mental, picores de piel, sarpullidos, fatiga, dolores musculares y/o articulares…
Algunas personas desarrollan unos síntomas, otras otros… Y algunas llegan a desarrollar todos ellos.
¿Porqué sucede?
Imagen extraída de www.facebook.com/regenerapni
Como ya os he comentado, El SIBO siempre es una consecuencia, no suele suceder porque sí ni de la noche a la mañana. Antes de que aparezca, han tenido que conjugarse varios factores que no se han atendido debidamente.
Es cierto que ciertas condiciones o causas estructurales como divertículos en el intestino delgado, enteritis por radiación o adherencias intestinales (por complicaciones en cirugías) o ciertas patologías como la diabetes, la enfermedad de Crohn o la enfermedad celiaca causan una ralentización de la motilidad intestinal y favorecen la aparición del SIBO (el hecho de que el bolo alimenticio y los desechos estén más tiempo del normal en el intestino genera un caldo de cultivo propicio para la proliferación bacteriana), pero normalmente, no suelen explicar por si solas la aparición de SIBO. Lo favorecen, es cierto, pero no lo causan irremediablemente (salvo excepciones). Si no… todas las personas diabéticas acabarían por desarrollarlo y sabemos que esto no es así.
Lo más habitual, es lo que ya os he comentado: una mezcla de causas diversas que en cada persona será totalmente única y personal y sobre las que SI tenemos mucho poder de acción.
Ir atendiendo a esas causas, una a una, hasta llegar a la raíz del problema, es como siempre, la verdadera solución porque si solo «matamos» a las bacterias sobrecrecidas con antibióticos o herbáceos, es muy probable que al cabo del tiempo El SIBO vuelva (porque los factores que hicieron que apareciera, siguen ahí. El terreno no ha cambiado, no se ha atendido).
Un acompañamiento que nos brinde una nutrición personalizada, que haga una buena reposición de microbiota (para que esta se equilibre) y que nos enseñe a escuchar a nuestro cuerpo y a cuidar a nuestro aparato digestivo, es esencial para acabar con el SIBO y evitar que vuelva (y es así como yo abordo este desorden de la microbiota).
Así que si todo esto os resuena, nos vemos en Nutriarte 😉