Sibo (parte 4)
¡Hola a todas!
Con la entrada de hoy termino de hablaros sobre SIBO.
Hoy, le toca el turno a la historia de Lola.
HABLEMOS DE… EL SIBO DE LOLA
Lola
Os recuerdo que a Lola, un médico le pauto un antibiótico (rifaximina) y una dieta baja en foodmaps (carbohidratos fermentables) para tratar su SIBO. Al cabo de un mes su médico le repitió el test y al salirle negativo, le dijo que “estaba curada”.
Pero… Lamentablemente, tres meses después, Lola volvió a tener los mismos síntomas (con aún más intensidad).
¿Qué es lo que creo que ha fallado en este caso?
El fallo en este caso ha sido, la falta de personalización pero vamos a concretar…
El test de SIBO solo nos dice que tipos de bacterias están sobrecrecidas pero no porqué lo hicieron. Así que, si no abordamos los porqués, es normal que el SIBO vuelva.
¿Y por qué retorno incluso con más fuerza?. Porque en muchos casos, un mal uso de los antibióticos empeora todavía más el desequilibrio de la flora intestinal de una persona, creando un circulo vicioso del que es muy difícil salir (el antibiótico va a matar a la flora sobrecrecida pero también a la flora estabilizadora que está ya bastante deficiente, fomentando un microbioma cada vez más débil, pobre y poco diverso). No digo que los antibióticos no sean necesarios en algunas ocasiones pero hay que medir muy bien cómo y cuando usarlos.
Abordaje
Como os conté en la anterior entrada, el primer día de consulta Nutriarte siempre consiste en una anamnesis de entre una hora/ hora y media (incluso a veces, puede alargarse hasta las dos horas).
Os recuerdo que la anamnesis es una larga charla donde trato de entender lo máximo posible todo el contexto interno y externo de la persona.
En el caso de Lola, hubiera hecho especial hincapié (deteniéndome y profundizando), en el momento en el que la sintomatología apareció.
Así, conseguiría realizar una imagen bastante aproximada de los factores desencadenantes de su SIBO.
En segundo lugar y tras hacerme esa composición de lugar, el siguiente paso es tratar de explicárselo a Lola de una forma sencilla, para que entienda en qué momento y porqué, comenzó a alterarse su fisiología digestiva hasta derivar en un SIBO. Es primordial entender lo que nos ocurre, ser protagonistas de nuestro proceso, de nuestra salud.
Y a partir de ahí, empezaríamos tratar todos esos factores como si se tratarán de un iceberg. Es cierto, que en la punta del iceberg estaría el SIBO, cuya sintomatología (en la mayoría de ocasiones), se consigue paliar muy pronto, pero para que realmente no vuelva, tendríamos que seguir con la siguiente capa del iceberg y luego con la siguiente… y así.
La clave
He creado el caso de Lola para que la clave esté en observar que no tuvo síntomas digestivos hasta que no empezó en su nuevo trabajo. Un trabajo con mucha carga y responsabilidad.
Ahí, comenzó con sensación de ardor y algo de alteración en sus deposiciones. Más tarde, cuando fue madre, sus síntomas empeoraron y tras tener a su segunda hija es cuando comenzó con su SIBO.
Está claro que el principal factor desencadenante del SIBO de Lola es el Estrés. Es la última capa (la más profunda) a atender dentro de ese iceberg.
Así que mi labor, es también, hacer consciente a Lola de esto.
Explicarle como la fisiología digestiva se altera por estrés y enseñarle a escuchar a su cuerpo para que valide y atenda a sus síntomas, a tiempo.
La resolución
A veces, con hacer consciente esto, la persona comienza a hacer cambios en su día a día que son suficientes para bajar su nivel de estrés: pensemos que Lola comienza a soltar un poco el perfeccionismo y a delegar tareas, tanto en su trabajo como en su casa. Y que, además, cuenta con un aprendizaje sobre autocuidados que hemos ido trabajando durante meses y que le sirve para mantener el bienestar o para volver a él y que no vaya a peor cuando ese bienestar se desequilibre un poco (por ejemplo, en momentos puntuales de estrés más agudo que son prácticamente imposibles de evitar y que todas tenemos a veces).
Con eso Lola habría conseguido mejorar muchísimo su nivel de bienestar y encontrar un equilibrio personal muy, pero que muy válido.
Pero como a Lola la cree yo y quiero que sirva de ejemplo de un proceso complejo y completo, no se quedará aquí.
El trabajo de Lola no va a dejar de ser el que es, tiene una carga implícita de responsabilidad y un nivel de estrés asociado con el que no va a poder hacer nada. Va con el puesto. Pero… ¿Qué supone para Lola esa responsabilidad?. ¿Qué relación tiene con ella?. ¿Cómo la gestiona?.
En la vida tenemos un margen de acción limitado, no nos vamos a engañar, (no siempre tenemos contextos económicos en los que podemos renunciar a un trabajo que no nos gusta o incluso el problema no es el trabajo en sí, sino que hay cosas de nuestros compañeros o de nuestro jefe o de nuestra empresa que nos provoca malestar) pero casi siempre tenemos un margen de acción. Depende de nosotras querer o no, trabajar en lo que sí está en nuestras manos…
Lola tiene unas creencias, unos patrones… vinculados con la responsabilidad y el perfeccionismo. En eso, si tiene margen de acción, eso, si lo puede trabajar.
Así que tomará las riendas de su salud por completo y comenzará un proceso terapéutico (con una psicóloga) para comprender el origen de ese perfeccionismo, para aprender a poner/se limites, a confiar, a saber delegar… logrando su mayor grado de bienestar posible.
Probablemente, si Lola no hubiese tenido SIBO, nunca hubiera comenzado ese proceso, que, aunque en ocasiones pueda parecer complejo y un poquito largo, merece absolutamente y sin ninguna duda, la pena.
Es cierto que normalmente el SIBO es causado por una mezcla de factores donde el estrés es un ingrediente más. Pero también es cierto que en ocasiones es el único ingrediente o al menos, el que más peso tiene, así que, quería crear un caso así porque existen y creo que es necesario exponerlo.
Llegue hasta donde llegue cada persona con su proceso estará perfecto y, lo que es seguro, es que su grado de bienestar va a mejorar mucho. 😉