Sibo (parte 2)
¡Hola a todas!
En la anterior entrada os comencé a hablar sobre el SIBO. https://www.nutriarte.es/index.php/2024/09/20/10-hablemos-de-sibo/
Fueron unas nociones básicas dirigidas, sobre todo, a las personas que no habían oído nada sobre él. Para que empezaran a familiarizarse con este concepto.
En la entrada de hoy, no voy a redundar sobre lo que ya se ha contado sobre él (tipos de SIBO, prueba para detectarlo, protocolos…). Esta información la tenéis a golpe de un click (hay mucho y muy bien escrito si buscáis fuentes fiables en internet).
Lo que pretendo con la entrada de hoy es hacer hincapié en lo que, para mí, es la clave en el tratamiento del SIBO: el tipo de abordaje.
El COMO abordamos cada caso en particular.
Y para ello, os voy a presentar a Lola y a María. Dos personas ficticias creadas a partir de la conjugación de muchos casos reales.
Lola
Lola tiene 43 años, es madre de dos niñas pequeñas (de 8 y 3 años) y trabaja a tiempo completo como responsable de Recursos Humanos en una empresa.
Llevaba años con síntomas puntuales de acidez, reflujo y dolor en la boca del estómago. Además, tenía diarreas de vez en cuando. Pero nunca le había dado mucha importancia.
Desde que tuvo a su segunda hija sus síntomas digestivos empeoraron. Comenzó a tener muchos gases, mucha sensación de hinchazón y de plenitud tras comer. Comenzó también a encontrarse muy cansada, con una sensación profunda de fatiga y malestar muscular, además, comenzó a alternar épocas de diarrea con otras de estreñimiento.
En ese momento sí se preocupó y fue al médico. Le hicieron diferentes pruebas (celiaquía, helicobacter, intolerancias, valores de calprotectina …) y todas salieron negativas.
Le dijeron que tenía intestino irritable y que no podía hacer nada, salvo gestionar el estrés.
Un día leyó algo sobre el SIBO en redes sociales. Tras mucho buscar, encontró un médico privado que trataba SIBO en su consulta. Este le hizo el test correspondiente y le dijo que, efectivamente, su problema era que tenía SIBO por metano y probablemente por sulfuro de hidrógeno.
Le pauto un antibiótico (rifaximina) y le dijo que retirase los foodmaps (carbohidratos fermentables) de su dieta durante un tiempo. Al cabo de unos días se encontró muchísimo mejor. Al mes, los síntomas desaparecieron por completo. Su médico le repitió el test y le dijo que salía negativo. “Estaba curada”.
Tres meses después Lola volvía a tener los mismos síntomas pero con aún más intensidad.
¿Qué creéis que ha podido pasar? ¿Cuál creéis que es el motivo por el que el SIBO de Lola volvió?
María
María tiene 18 años y no recuerda un día de su vida en el que no haya tenido sensación de hinchazón y malestar después de comer.
Siempre ha sido estreñida, recuerda que su madre le daba “cosas de la farmacia” siendo niña para intentar que evacuase.
Siempre le ha sentado mal la leche, era tomarla y notar náuseas y malestar pero su madre le obligaba a beberse un vaso todas las mañanas porque si no, “se le romperían los huesos a cachitos”.
Hace un par de años el médico le confirmo que era intolerante a la lactosa. Desde entonces no toma leche.
Durante un tiempo creyó que podía ser celiaca pero el médico le hizo la analítica correspondiente y los anticuerpos en sangre salieron negativos. Ella insistió porque de verdad sentía que se encontraba peor si comía pasta o pan. Le repitieron la analítica 2 veces más. Volvieron a dar negativas.
Cansada de que nadie le de una solución definitiva, María probo a seguir las recomendaciones de una instagramer que había tenido SIBO. Pensó: “Total, no puedo encontrarme peor… por probar”.
3 meses después, los síntomas habían empeorado todavía más.
¿Qué puede haber pasado en este caso?
Las posibilidades son infinitas… Os dejo pensando en Lola y María unos días 🙂
En las próximas entradas os contaré como hubiera sido mi forma de abordar estos dos casos a través de Nutriarte.
Hasta pronto
Abracico